La próxima vez que usted se asuste cuando oiga los truenos en medio de un día lluvioso pregúntese si no está siendo víctima de la tonitrofobia: miedo a los truenos, a las tormentas.
Son muchísimas las fobias que sufrimos los humanos, tal vez, incluso, sin darnos cuenta de ello. Pero ¿qué es una fobia?
El diccionario define esta palabra de origen griego como “aversión obsesiva a algo o alguien, temor irracional compulsivo”. Pero investigando a fondo hallamos más claridad sobre el tema y encontramos que la fobia es un miedo intenso causante de ansiedad normalmente desproporcionada con las situaciones reales. Como hecho importante debe decirse que las víctimas de las fobias son conscientes de que su miedo es irracional.
Aclaremos sin embargo que el presente escrito no tiene como propósito hacer un análisis desde el punto de vista médico o sanitario, labor que les correspondería a los sicólogos y a los siquiatras entre otros ilustres especialistas de las ciencias terapéuticas.
Ajenos al ejercicio de la medicina nos proponemos hacer nuestro estudio atendiendo aspectos sociales y lingüísticos y también compartir con el lector algunas curiosidades relativas a los diferentes tipos de temores y aversiones con las que diariamente nos batimos seis mil quinientos millones de inquilinos del planeta más hermoso del cosmos.
Comencemos con la más conocida y popular de todas: la hidrofobia. En realidad se trata de un caso especial porque hoy en día no se le considera una ansiedad sino una enfermedad por cierto bastante seria. El horror al agua es solo una de sus manifestaciones. Por eso el buen gusto no recomienda hacer chistes al prójimo diciéndole que sufre de hidrofobia porque sea poco adicto al refrescante y necesario baño nuestro de todos los días. Los afectados por este antihigiénico temor sufren realmente de ablutofobia, miedo a bañarse o lavarse. A quienes estén en edad casadera les recomendamos evitar el matrimonio con alguien que sufra de este mal. Por razones obvias la relación puede ser poco duradera.
Y si se trata de hacer recomendaciones sobre elección de marido o mujer aprovechemos para recomendar que se haga lo posible por eludir a los acluófobicos. No es por nada malo en realidad, pero estas personas le tienen miedo a la oscuridad y tal vez terminan adquiriendo la costumbre de dormir con las luces encendidas lo cual puede causar ciertas molestias en quienes deben compartir con ellos la habitación. De resto no tienen mayores problemas salvo su inclinación a evitar lugares poco iluminados, actitud nada criticable si se tiene en cuenta lo positivo que puede resultarle en materia de seguridad personal y familiar. A los que sí deben descartar sin ninguna duda son a los ecófobos, pues ellos padecen de fobia al hogar y por nada del mundo se unan con una víctima de la coitofobia pues tendrían que renunciar a una buena parte de la dicha conyugal.
¿Has sufrido alguna de estas fobias tú o conocidos tuyos? ¿Cuál ha sido tu experiencia?
¡Continúa leyendo en la siguiente página!
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